Tengo 33 años, soy diseñadora gráfica y vivo en Nablus. Me gusta presentarme primero como artista, apasionada por el dibujo, las manualidades y todo lo creativo. El arte siempre ha sido mi vía de escape y el espacio donde me encuentro a mí misma.
Ser la menor de mis hermanos me generó una sensación de soledad y distancia, sin un espacio compartido para sueños o intereses, pero también fomentó en mí la responsabilidad y la autosuficiencia desde una edad temprana. Recuerdo caminar largas distancias hasta la escuela de la Ciudad Vieja, consciente de la presencia de soldados por todas partes, y tener que tomar decisiones por mi cuenta: elegir rutas, protegerme durante los enfrentamientos y, a veces, guiar a mis amigos. Estas experiencias moldearon mi capacidad para tomar decisiones en las condiciones más difíciles y forjaron mi personalidad de líder.
El punto de inflexión más difícil de mi vida
Siempre he sido una persona muy emotiva y sensible. Esto me mantuvo en relaciones tóxicas, a pesar de saber que eran perjudiciales. Pero mi matrimonio fue la experiencia más dura. Viví cinco años bajo una presión inmensa, enfrentándome a todo sola en un país extranjero. Se convirtió en un punto de inflexión que me llevó a la depresión. Me di cuenta de que escapar requería una salida real del entorno tóxico, como una persona que se está ahogando y necesita ser rescatada. Durante este período, una psicóloga me ofreció primero un apoyo indirecto y luego se convirtió en mi refugio, ayudándome a tomar conciencia y a salir del ciclo de violencia, y guiándome hacia la decisión más difícil de mi vida.
La decisión de soltar y liberarme
El momento decisivo de mi vida fue cuando llegué al punto de pensar en el suicidio. Me enfrenté a mí misma y decidí comenzar a sanar y liberarme de mi tragedia. Mi mayor temor era contárselo a mi familia, que creía que vivía en el “paraíso”, pero su sorpresa fue seguida de un gran apoyo. Mi doloroso matrimonio me enseñó a priorizarme a mí misma. Rompí la barrera del miedo y aprendí a establecer límites reales con las relaciones tóxicas, comprendiendo que dejar ir significa trazar una línea: “Te mantengo en mi vida hasta el punto en que ya no puedes hacerme daño.” El paso práctico que me ayudó a decidirme a divorciarme fue el consejo de mi terapeuta de anotar las ventajas y desventajas del matrimonio y del divorcio. Tras sopesarlo todo, llegué a la conclusión de que el divorcio era mi única salida de la dominación y la soledad en el extranjero.
Curación y recuperación de la fuerza
Tras regresar a casa, sentí como si hubiera vuelto al punto de partida, pero mi capacidad de liderazgo me ayudó a superarlo. No permití que el juicio de la sociedad me afectara, porque sabía que no había hecho nada malo. También atravesé dificultades económicas, tras ser independiente en el extranjero, y viví aislada durante dos años hasta que recuperé mi equilibrio. Recurrir a Dios y buscar su apoyo me ayudó a mantenerme fuerte. Mi madre fue mi principal pilar de fortaleza, y mi amiga psicóloga en el extranjero también siguió apoyándome. El apoyo psicológico me ayudó a canalizar la soledad hacia la creatividad y a aprender a equilibrar el silencio y la expresión. Hoy veo en el espejo a una mujer fuerte, orgullosa de sí misma y profundamente agradecida por cada experiencia que la ha hecho más fuerte.
Mi mensaje para todas las mujeres que están pasando por una experiencia similar
No hay nada imposible para una mujer que decide cambiar su vida. La fortaleza no va de soportar el dolor, sino de reconocerlo y pedir ayuda. La liberación comienza cuando te das cuenta de que mereces una vida mejor, y que el trauma, por muy duro que sea, no puede quebrar tu espíritu mientras te mantengas firme. Seguid adelante. No os detengáis. Un paso valiente puede abriros la puerta a vuestra salvación completa.



